LA PRIMERA CÁMARA (Borderlands Tale)

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           PRÓLOGO

            —¡Saludos! ¡Entra, tengo nuevas mercancías!

—Ni saludos ni mierdas, viejo —el hombre, de tosca y ruda apariencia dejó de manera violenta una pistola de cañón largo sobre el mostrador, justo frente a la reja de seguridad que hacía de frontera entre Marcus y sus clientes— compré esta Jackobs en una de tus  máquinas expendedoras de armas en Rust Common East. Está truncada, se encasquilla, es inestable, tiene el tambor rasgado… ¡Es una puta basura!

            —Tranquilo, amigo —levantó las manos Marcus sonriendo—, no hace falta hablar así, tenemos un pequeñín escuchando y su madre tiene muy mala baba cuando después de venir a la tienda del abuelo, bueno, dice cosas que no debe, je,je —Marcus guiñó un ojo a su nieto de siete años, el muchacho estaba a su lado, con los ojos abiertos como platos.

            —Devuélveme la pasta, abuelo —dijo con brusquedad.

—La pregrabación de las máquinas expendedoras ya lo anuncia, amigo; no hay devoluciones.

            —¿Cómo dices? —el hombre entrecerró los ojos poniendo una mueca extraña, haciendo que la enorme cicatriz que le cruzaba media cara se contorsionara y adoptara una forma desagradable para la vista—Mira, puedes llevar toda tu puñetera vida vendiendo las armas de los muertos, maldito carroñero, pero a mí no me vas a tangar. O por las buenas o por las malas —el hombre se percató de la mirada fría y el semblante amenazador de Marcus tras la coacción, sonrió ante lo cómico que le parecía—. Esa mueca de tipo duro te funcionaría hace veinte años, ahora ya no impresionas a nadie, tienes tantas arrugas que pareces un amasijo de carne Skag recién atropellado —el hombre sacó una pistola de repetición y apuntó a la cara de Marcus por el hueco de las rejas, directo al entrecejo—. Ah, ah, ah, Marcus, las manos quietas o tu nietecito verá por primera vez un perolo abierto con todos los sesos esparcidos por el suelo. Devuélveme la pasta, quiero mis cuatrocientos dólares.

            —Amigo, esa pistola era de reventa —manifestó molesto. El mercenario tenía razón, estaba viej
o, antaño le hubiese dado tiempo de sobra de activar los escudos y las torretas de seguridad—, te ha costado doscientos como mucho, ¿te piensas que no conozco mi mercancía?

            —Mi tiempo vale dinero, mi combustible también, y mi paciencia se agota —amartilló el arma—. Dame cuatrocientos antes de que te perfore la cabeza. No tiene que ser muy agradable para el mocoso ver como la cara de su abuelito se deshace por el ácido corrosivo del arma.

            —Está bien, está bien —Marcus asintió resignado, con las manos en alto. Su nieto miraba l
a situación con total espectación—. Pero no se te ocurra ir diciendo por ahí que no me ajusto a mi política de no devoluciones, esto queda entre tú y yo, te doy cuatrocientos cincuenta, considéralo un plus por comprar tu silencio.

            —Suelta la pasta.

            —Máximus —miró a su sobrino sonriéndole—. Ves a la caja fuerte y saca cuatro billetes de esos que pone un cien grande y uno de los que pone un cincuenta.

            —Pero abuelo, no haces devoluciones.

            —Je, je, je, ay mi pequeñajo. Es la política especial de Marcus —Le guiñó un ojo a Máximus—. Un secreto, el abuelo ya te ha contado muchos secretos.

            —¡Venga carcamal! No tengo todo el puto día —el mercenario sacudió la pistola con la intención de meterle prisa.

Máximus se fue a la trastienda. Marcus miraba fijamente al mercenario, el cual estaba sudando, seguramente porque estaba inquieto.

            —¿Eres consciente de que el noventa y cinco por ciento del negocio de las armas en Pandora
es mío? —Marcus observó al mercenario, que le miraba con cara de circunstancias, él chistó y suspiró al darse cuenta de que aquel tipo tenía tan pocas luces que no entendía a que se refería diciéndole aquello, por lo que se aclaró la garganta y continuó—. Eso quiere decir que vas a tener muy pocas tiendas donde conseguir armas de ahora en adelante, amigo. Los clientes problemáticos no me interesan.

            —Soy un busca cámaras, hago tratos tanto con Dahl como con Hyperion. No me faltan proveedores de armas, además de las que recojo de aquellos que se cruzan en mi camino y quieren joderme —el hombre sonrió con significativa malicia, doblando la cabeza, apuntándole a un ojo.

Marcus asintió, suspiró y miró al suelo.

            —El puto crio tarda demasiado. O sale ya o te pego un tiro, no juegues conmigo, colega.

            —
¿No vas a tener un poco de paciencia ni con un niño de ocho años?

            —Que le jodan al niño y a…

Marcus cerró los ojos al escuchar la detonación del arma, se tapó la cara y rezó porque la bala incendiaria no le chamuscara las manos. Al sentir la tibia sangre y masa cerebral golpear sus manos , se descubrió la cara sacudiéndolas y mirándose la camisa toda salpicada de sangre y restos.

            —Que te jodan a ti, gilipollas —Dijo Máximus, detrás del busca cámaras, armado con un rifle de francotirador adaptado a su pequeñas manos.

            —Si, eso mismo,  que le jodan —dijo Marcus. Se asomó y miró el cuerpo sin vida del mercenario
, convulsionándose y poniendo el suelo perdido de sangre—. Mira tú qué cosa, ¿ahora quien parece un amasijo de carne Skag recién atropellado? —Marcus utilizó su comunicador ECO para llamar al servicio de limpieza—Lauren, ¿Qué pasa zorro? Oye, necesito que me tires la basura. Si, si, otra vez, ya sabes como es este negocio. Claro, por supuesto, la tarifa habitual es la adecuada. Te veo en un rato.

Marcus dio la vuelta al mostrador, registró los bolsillos del busca cámaras sacó el acceso remoto de su inventario ECO y le echó un vistazo. Llevaba seis armas digitalizadas las cuales trasfirió a la caja fuerte de la tienda.

            —Otro set de mercancías conseguidas de las frías manos de un busca cámaras, ¡ja! —llegó hasta su nieto, accionó el mecanismo que abría la trampilla oculta de la pared por donde había salido Máximus. Miró al pequeño y le sacudió el pelo—. Muy bien, Máximus, esa es la política especial del abuelo; “si me apuntas con un arma estás muerto” —Marcus cogió el rifle de su nieto y lo guardó dentro del pasaje secreto, luego volvió a cerrar la trampilla.

            —¡Siiiii! Política especial.

            —No le digas nada de esto a mamá, eh —Marcus golpeó cariñosamente la punta de la nariz de su nieto y luego le dio un beso en la mejilla.

            —Abu, ¿Cuál fue la primera cámara?

            —Aaaay Máximus, esa es una larga historia.

            —Abu, abu, cuéntamela —le exigió con emoción y tirando del pantalón de su abuelo.

            —Hoy es u
n poco tarde, Máximus, si quieres te cuento cómo cuatro busca cámaras encontraron la primera cámara aquí, en Pandora.

            —¡Abu! O me cuentas lo de la primera cámara o mamá sabrá del capullo muerto —respondió Máximus enfurruñado y señalando el cadáver.

Marcus empezó a reírse hasta p
onerse rojo, se limpió las lágrimas y aupó a su nieto sintiendo cómo sus articulaciones se resentían. Lo llevó a la trastienda y activó el cierre automático de las puertas del local para que nadie les molestara.

            —Pequeño granuja, has salido a tu abuelo. Serás un excelente hombre de negocios —Marcus sacó un libro de la estantería—. Así que quieres que te cuente una historia, ¿eh, granujilla? —abrió el libro por la mitad, buscó el capítulo concreto, el que necesitaba recitar para empezar a contarle a su nieto lo que quería saber—. Todo empezó en Promethia, con la compañía Atlas, hace algo más de dos cientos años.

            —¡Ala! Abuelo, eso son muchos más años de los que tú tienes, ¿verdad? —afirmó sorprendido y dudando de cuantos años suponía dicha cifra.

Marcus no pudo aguantar una
carcajada. Tras tomar asiento, puso a su nieto sobre su pierna derecha y colocó el libro en la izquierda.

            —Veamos… —se aclaró la garganta y marcó con el dedo por donde debía leer—. Atlas, junto con Dahl fueron las primeras mega corporaciones de colonización extraterrestre tras la tercera edad de hielo en el planeta Tierra, de donde somos la raza humana originariamente…

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6 comentarios sobre “LA PRIMERA CÁMARA (Borderlands Tale)

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  1. DECIDE COMO SIGUE LA HISTORIA¿QUE DEBE HACER LOGIUS?
    1- Solicitar ataque orbital sobre la zona atacada
    2- Solicitar apoyo aéreo y un pelotón de marines
    3- Ponerse en contacto con el comandante de Dahl para organizar ataque combinado.

  2. Cómo os gustaría que siguiese la historia? Elegid una de las opciones siguientes y ponedla en vuestro comentario, ya sea el número o la frase completa:
    1) Vulkan descarga una andanada de clavos sobre el gentío

    2) Vulkan moviliza el exoesqueleto al centro de la plaza para llamar la atención

    3) Vulkan activa la sierra rotatoria y descargarla sobre el primero que encuentre.

    4) Vulkan salta en medio de la plaza y vuelve a gritarles a todos.

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