Protocolo Final

El corazón le golpeaba el pecho tan fuerte, con un ritmo tan frenético que le dolía. Sudores fríos recorrían su frente y reflejaban las luces naranjas y rojas de las sirenas de alerta. No podía flaquear, ya faltaba poco para llegar al control principal. Iniciar el protocolo final no era una mera cuestión de urgencia, sino un deber para con sus compañeros. Sus sacrificios, sus muertes no serían en vano. Urselis estaba aterrado. La congoja aferraba sus piernas y las sacudía como si fuesen pequeñas varas de mimbre. Tenía que llegar hasta el frente y poner las claves, no importaba cómo.

Capítulo I
Cuadrante Zero
Cuatro días antes

Año 3955, nave Second Earth 25

Urselis ultimaba los preparativos para movilizar al ERS (Equipo de Reconocimiento de Subsistencia). Habían pasado dos meses desde la última vez que visitaron el planeta Cuadrante Zero. Transcurrido aquel periodo de tiempo, era el momento de volver a inspeccionar tanto la evolución de las plantas sintéticas como los sensores geológicos colocados en la primera expedición.
—Muy bien chicos, ya sabéis como funciona esto —dijo Urselis introduciendo los recipientes de muestras en la nave de colonización y estudio. Los miembros de su equipo daban vueltas de un lado a otro, como siempre algo desordenados—. No tenemos todo el día y menos en Cuadrante Zero, que la rotación de este planeta es más rápida que la de la Tierra.
—Doctor Breek —solicitó Ánia, la bióloga interplanetaria y ministra de colonizaciones. Llegó hasta Urselis con porte serio, casi estirado.
—Si, doctora —respondió Urselis controlando sus gestos, disimulando el tedio que le suponía parlamentar con aquella política irritante.
—He repasado los archivos e informes —empezó a advertirle abriendo una pda digital y mostrando en formato 3D los documentos generales—, la partida de reconocimiento no cuenta con la unidad androide de protección y estudio que está estipulado según las leyes de colonización. Ni consta aquí —dijo señalando la cláusula de equipo y herramientas—, ni en el apartado de otros y anotaciones varias al final del informe.
—No sé cuantas veces se lo tengo que repetir, doctora —replicó él deslizando las palabras con pesadez, encogiendo los hombros y mirando al techo con exasperación—. Llevamos más de un siglo con el proyecto Nueva Tierra, y son muchos los cambios y los protocolos y leyes y…
—No tengo tiempo para sus excusas ni réplicas —le interrumpió Ánia tajantemente haciendo efusivos ademanes con la mano izquierda—, doctor. Si no arman y preparan el androide, su partida de reconocimiento no tomará tierra hoy en Cuadrante Zero. Ni hoy ni ningún otro día hasta que no cumpla riguro…
—Está bien, está bien —Urselis alzó las manos, evitando la perorata de la mujer, se giró hacia uno de sus hombres—. Norman, preparará una unidad Cibergcom, pese a que no es necesario pues no vamos a colonizar —afirmó con acentuado ritintín—, y los Cibergcom se usan sólo en la colonización, pero vamos a llevarlo —miró directamente a los ojos de la ministra, suspiró y le apuntó con el dedo índice— ¿Sabe perfectamente que la operación de colonización no se dará hasta que mi equipo confirme que el planeta es viable para nuestra especie?
—Por supuesto que lo sé, sería una incompetente si no tuviese los conocimientos adecuados para tener mi cargo.
—Es entonces cuando se precisa presencia seudomilitar, drones y ciborgs de defensa y combate, para que lo entienda —continuó con un tono burlón—, que no son necesarios hasta que mi firma esté en los informes virtuales asegurando toda forma de vida sobre la Tierra puede desarrollarse en el planeta. No antes. Por lo tanto…
—Por lo tanto cuando eso ocurra si en su informe de partida no constan unidades de combate, la operación de colonización no se realizará, del mismo modo que no se realizará esta partida de reconocimiento hasta que no vea el androide irse con su equipo, doctor. Las leyes de navegación, de toma de contacto y colonización están para cumplirse y yo, estoy aquí para asegurarme de que es así. Estamos en una nave nodriza CubicTown, señor Breek. Si los 185.000 habitantes de esta hiciesen lo que les viniera en gana siguiendo… ¿como suele decir usted? —preguntó retóricamente Ánia, torciendo el gesto, devolviéndole la burla a Urselis— ah, sí, “el instinto y racionamiento”, esto no sería una nave nodriza, sino una ciudad flotante basada en la anarquía y el caos, doctor — Ánia miró el reloj, estaba perdiendo demasiado tiempo con aquella discusión—. Envíeme por señal Wifi el formulario con el número de registro y los parámetros del ciborg. Tiene media hora para hacerlo, de lo contrario no tendrá luz verde para bajar hoy. Buenos días.
Urselis se mordió la lengua, miró desafiante a Ánia mientras la mujer se alejaba a paso firme.
—¿Ahora qué es lo que nos falta?
Urselis se giró al reconocer la voz aterciopelada de Lena, su mujer y segunda al mando del equipo de reconocimiento.
—“ Envíeme por señal Wifi el formulario con el número de registro y los parámetros del ciborg lablá, blá, lablá, blá—respondió Urselis remedando a la ministra, provocando una carcajada aguda en su compañera.
—Urselis —Lena rodeó el cuello de marido con ambos brazos y lo besó tiernamente—. No le caes bien y ella firma todas las partidas de reconocimiento. No nos conviene que nos sancionen otra vez. Cuando esa mujer detiene una partida, la nave invierte una cantidad de energía y recursos que al gobierno le cuesta millones para nada, y no la van a culpar a ella por dicha pérdida.
—Pero es que… ¿Para qué queremos una unidad militar? Es la segunda toma de contacto, el área estaba asegurada en la primera vez… en fin, por favor dile a Norman que se de prisa, que hable con el Sargento Racknar que nos pondrá más facilidades para llevarnos cuanto antes un Cybercom, por favor.
—Ahora mismo, cielo —respondió Lena besando los labios de su amado.
Urselis suspiró algo más tranquilo. Su compañera y pareja le conocía lo suficiente como para saber tomarse aquellos enfrentamientos con mayor filosofía que él. Era muy posible que a causa de los problemas que Ánia les estaba poniendo, la partida se retrasara una hora y por su culpa no consiguieran acabar de recopilar todos los datos del área cuatro del planeta antes de que anocheciera y eso no le gustaba. Estar en un planeta desconocido, en proceso de reconocimiento cuando la estrella que lo ilumina se escondía era algo que le ponía muy nervioso después de lo ocurrido cuatro años atrás en Galaxia Nueve. El planeta Púrpura demostró tener una actividad nocturna mortalmente hostil que acabó con la vida de veinticinco hombres de su equipo. Nunca más volvería a permitir una tragedia como la sufrida allí. Una tragedia que en parte fue culpa de las órdenes y protocolos políticos que con tanto tesón defendía Ánia. Urselis agitó la cabeza, desvaneciendo las cavilaciones funestas que le estaban robando el tiempo y la concentración. Su deber era preparar al equipo para la partida, no pensar en los fantasmas del pasado.

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