Motel Colina Silenciosa

Era el 31 de octubre del año 2008. Samuel Gutiérrez recorría la monótona carretera nacional con dirección a Oviedo. La madrugada cayó, junto con la niebla y la temperatura. Samuel llevaba al volante ocho horas seguidas. Ansiaba llegar a su destino para acabar las negociaciones sobre un solar, pero su cuerpo clamaba por un merecido descanso. Como si el destino hubiese escuchado la necesidad, en su camino encontró un letrero que señalaba la proximidad de un motel. Se desvió de la carretera, cauto y temeroso, pues la niebla se había vuelto densa y blanca cual sábana de algodón. Tras recorrer medio kilometro de desvío, discernió entre la bruma las tenues y lejanas luces de un edificio pequeño. El motel estaba cercado por una valla negra. En la entrada se erigía un cartel: “Bienvenido al Motel Colina Silenciosa”. Samuel dejó su coche en el aparcamiento para clientes. Cerró el vehículo sintiendo un escalofrío, la temperatura allí era más baja incluso que en la carretera. “Es lo que tiene la cercanía del bosque” pensó Samuel poniéndose la chaqueta. La noche callaba. Sólo sus pasos resonaban entre las contorsionantes masas de niebla y las crepitantes hojas secas que pisaba por el camino. Una mujer de avanzada edad, de expresión desagradable y comportamiento arisco se encontraba frente a la puerta de entrada.

—Son cuarenta y cinco euros —dijo la anciana con aspereza, agitando y mostrando la llave a Samuel. La chapa que colgaba de la llave lucía el número trece.

 Samuel pagó a la mujer y cogió la llave, indignado por los modales de la regente del lugar. Se dirigió a su lugar de descanso musitando improperios varios pero, una vez llegó a la habitación, el cansancio del viaje le hizo restar importancia a todo lo demás. Se echó sobre la cama sin mayor sutileza que descalzarse. El agotamiento lo sumió en un pesado sueño. El reloj marcaba las tres de la mañana cuando Samuel se despertó gradualmente. Un sonido rítmico y ciertamente agudo fue la causa. La habitación estaba sumida en la más completa oscuridad. Samuel sintió el corazón desbocado. La madera del pasillo crujía, parecían pasos lentos y pesados. A cada quejido de la vieja madera, algo era arrastrado y un ahogado lamento lo acompañaba. Los inquietos sonidos eran cada vez más cercanos a su puerta. Samuel sabía que era la única salida y el pasillo que llevaba a la puerta principal era angosto. El pavor abrazó su cuerpo con tal intensidad que se tensó cual estatua. Una respiración profunda, ronca y fuerte se acercaba. Un paso, dos, el arrastre y un lamento más. Otra vez, con la misma cadencia, más cercano a su puerta. Todo quedó en silencio. Un  fuerte y contundente golpe se escuchó a no más de un metro de la entrada a su habitación. Samuel se enderezó sobre la cama, sobresaltado, jadeante y sudoroso. Un pequeño murmullo, como de algo escarbando en tejido blando y húmedo precedió al golpe. De nuevo el silencio. Su respiración entrecortada era lo único que se escuchaba en la tremendamente oscura habitación. Sentía que tras la puerta se encontraba alguien, casi podía oír su respiración, profunda y grave. Temía encender la luz. Escuchó crujir la madera. Las manos y las piernas le temblaban. Un extraño olor le alertó mayormente. Con cuidado, procurando no hacer ruido, introdujo su mano en el bolsillo derecho del pantalón, sacó las llaves de su coche e hizo uso de la pequeña linterna que llevaba en el llavero para observar con horror que, por el travesaño inferior de la puerta, se deslizaba lenta y densamente un creciente charco de sangre. “Oh, dios mío” musitó aterrado y, en respuesta, una maza de demoliciones perforó la puerta, saltando astillas y agrietando la delgada madera.  Samuel sucumbió ante la histeria y gritando aterrado abrió la ventana de la habitación. Apenas atendió el atenazante frío y no quiso reparar en el vértigo a la caída, cuya distancia era confusa, oculta entre la bruma y la penumbra. Al segundo golpe la puerta se abrió desgarradoramente, astillas de madera volaron por toda la habitación. Saltó gritando, alcanzó el húmedo y blando suelo, pero la poca capacidad de visión le impidió calcular bien la caída y se torció el tobillo derecho al tomar tierra. Corrió descalzo por su vida, cojeando. La noche y la niebla lo envolvieron, siguió corriendo desesperado y temeroso, mientras susurros de lamentos y gritos de dolor se alzaron a su paso. Aquel lugar era irreconocible. Por la situación de la habitación y lo que consiguió avanzar, debía encontrarse en el aparcamiento del motel, pero su coche no estaba allí.

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Protocolo Final

El corazón le golpeaba el pecho tan fuerte, con un ritmo tan frenético que le dolía. Sudores fríos recorrían su frente y reflejaban las luces naranjas y rojas de las sirenas de alerta. No podía flaquear, ya faltaba poco para llegar al control principal. Iniciar el protocolo final no era una mera cuestión de urgencia, sino un deber para con sus compañeros. Sus sacrificios, sus muertes no serían en vano. Urselis estaba aterrado. La congoja aferraba sus piernas y las sacudía como si fuesen pequeñas varas de mimbre. Tenía que llegar hasta el frente y poner las claves, no importaba cómo.

Capítulo I
Cuadrante Zero
Cuatro días antes

Año 3955, nave Second Earth 25

Urselis ultimaba los preparativos para movilizar al ERS (Equipo de Reconocimiento de Subsistencia). Habían pasado dos meses desde la última vez que visitaron el planeta Cuadrante Zero. Transcurrido aquel periodo de tiempo, era el momento de volver a inspeccionar tanto la evolución de las plantas sintéticas como los sensores geológicos colocados en la primera expedición.
—Muy bien chicos, ya sabéis como funciona esto —dijo Urselis introduciendo los recipientes de muestras en la nave de colonización y estudio. Los miembros de su equipo daban vueltas de un lado a otro, como siempre algo desordenados—. No tenemos todo el día y menos en Cuadrante Zero, que la rotación de este planeta es más rápida que la de la Tierra.
—Doctor Breek —solicitó Ánia, la bióloga interplanetaria y ministra de colonizaciones. Llegó hasta Urselis con porte serio, casi estirado.
—Si, doctora —respondió Urselis controlando sus gestos, disimulando el tedio que le suponía parlamentar con aquella política irritante.
—He repasado los archivos e informes —empezó a advertirle abriendo una pda digital y mostrando en formato 3D los documentos generales—, la partida de reconocimiento no cuenta con la unidad androide de protección y estudio que está estipulado según las leyes de colonización. Ni consta aquí —dijo señalando la cláusula de equipo y herramientas—, ni en el apartado de otros y anotaciones varias al final del informe.
—No sé cuantas veces se lo tengo que repetir, doctora —replicó él deslizando las palabras con pesadez, encogiendo los hombros y mirando al techo con exasperación—. Llevamos más de un siglo con el proyecto Nueva Tierra, y son muchos los cambios y los protocolos y leyes y…
—No tengo tiempo para sus excusas ni réplicas —le interrumpió Ánia tajantemente haciendo efusivos ademanes con la mano izquierda—, doctor. Si no arman y preparan el androide, su partida de reconocimiento no tomará tierra hoy en Cuadrante Zero. Ni hoy ni ningún otro día hasta que no cumpla riguro…
—Está bien, está bien —Urselis alzó las manos, evitando la perorata de la mujer, se giró hacia uno de sus hombres—. Norman, preparará una unidad Cibergcom, pese a que no es necesario pues no vamos a colonizar —afirmó con acentuado ritintín—, y los Cibergcom se usan sólo en la colonización, pero vamos a llevarlo —miró directamente a los ojos de la ministra, suspiró y le apuntó con el dedo índice— ¿Sabe perfectamente que la operación de colonización no se dará hasta que mi equipo confirme que el planeta es viable para nuestra especie?
—Por supuesto que lo sé, sería una incompetente si no tuviese los conocimientos adecuados para tener mi cargo.
—Es entonces cuando se precisa presencia seudomilitar, drones y ciborgs de defensa y combate, para que lo entienda —continuó con un tono burlón—, que no son necesarios hasta que mi firma esté en los informes virtuales asegurando toda forma de vida sobre la Tierra puede desarrollarse en el planeta. No antes. Por lo tanto…
—Por lo tanto cuando eso ocurra si en su informe de partida no constan unidades de combate, la operación de colonización no se realizará, del mismo modo que no se realizará esta partida de reconocimiento hasta que no vea el androide irse con su equipo, doctor. Las leyes de navegación, de toma de contacto y colonización están para cumplirse y yo, estoy aquí para asegurarme de que es así. Estamos en una nave nodriza CubicTown, señor Breek. Si los 185.000 habitantes de esta hiciesen lo que les viniera en gana siguiendo… ¿como suele decir usted? —preguntó retóricamente Ánia, torciendo el gesto, devolviéndole la burla a Urselis— ah, sí, “el instinto y racionamiento”, esto no sería una nave nodriza, sino una ciudad flotante basada en la anarquía y el caos, doctor — Ánia miró el reloj, estaba perdiendo demasiado tiempo con aquella discusión—. Envíeme por señal Wifi el formulario con el número de registro y los parámetros del ciborg. Tiene media hora para hacerlo, de lo contrario no tendrá luz verde para bajar hoy. Buenos días.
Urselis se mordió la lengua, miró desafiante a Ánia mientras la mujer se alejaba a paso firme.
—¿Ahora qué es lo que nos falta?
Urselis se giró al reconocer la voz aterciopelada de Lena, su mujer y segunda al mando del equipo de reconocimiento.
—“ Envíeme por señal Wifi el formulario con el número de registro y los parámetros del ciborg lablá, blá, lablá, blá—respondió Urselis remedando a la ministra, provocando una carcajada aguda en su compañera.
—Urselis —Lena rodeó el cuello de marido con ambos brazos y lo besó tiernamente—. No le caes bien y ella firma todas las partidas de reconocimiento. No nos conviene que nos sancionen otra vez. Cuando esa mujer detiene una partida, la nave invierte una cantidad de energía y recursos que al gobierno le cuesta millones para nada, y no la van a culpar a ella por dicha pérdida.
—Pero es que… ¿Para qué queremos una unidad militar? Es la segunda toma de contacto, el área estaba asegurada en la primera vez… en fin, por favor dile a Norman que se de prisa, que hable con el Sargento Racknar que nos pondrá más facilidades para llevarnos cuanto antes un Cybercom, por favor.
—Ahora mismo, cielo —respondió Lena besando los labios de su amado.
Urselis suspiró algo más tranquilo. Su compañera y pareja le conocía lo suficiente como para saber tomarse aquellos enfrentamientos con mayor filosofía que él. Era muy posible que a causa de los problemas que Ánia les estaba poniendo, la partida se retrasara una hora y por su culpa no consiguieran acabar de recopilar todos los datos del área cuatro del planeta antes de que anocheciera y eso no le gustaba. Estar en un planeta desconocido, en proceso de reconocimiento cuando la estrella que lo ilumina se escondía era algo que le ponía muy nervioso después de lo ocurrido cuatro años atrás en Galaxia Nueve. El planeta Púrpura demostró tener una actividad nocturna mortalmente hostil que acabó con la vida de veinticinco hombres de su equipo. Nunca más volvería a permitir una tragedia como la sufrida allí. Una tragedia que en parte fue culpa de las órdenes y protocolos políticos que con tanto tesón defendía Ánia. Urselis agitó la cabeza, desvaneciendo las cavilaciones funestas que le estaban robando el tiempo y la concentración. Su deber era preparar al equipo para la partida, no pensar en los fantasmas del pasado.

SI QUIERES SABER QUÉ LE OCURRIRÁ A URSELIS

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Crónicas de Goriem: Caminos de Incertidumbre I

En breve tendreis a vuestra disposición la segunda entrega de Crónicas de Goriem, donde Uther Goriem, después llamado Goriem Ransteim, se encontrará solo ante la adversidad, sufriendo percances en su camino que le llevará a incertidumbres nunca antes planteadas. En esta entrega los lectores podrán disfrutar de una historia situada en el mítico Egipto, donde Shanay deberá usar de sus habilidades y artes para sobrevivir, conociendo nuevos seres humanos capaces de usar la magia.  Vampíros y nuevos seres sobrenaturales serán enemigos y desafíos nuevos en la historia de Uther.

Una entrega llena de tensión, y seres sobrenaturales que, si eres conocedor de las desventuras de Uther, no puedes perderte la continuación de su propia historia. Toda una aventura de literatura de fantasía donde, como en la anterior entrega, la sangre, espadas, luchas y los vampiros, adquieren un acentuado protagonismo.

Y AQUI TENEIS EL PREVIEW DE C.G.: CAMINOS DE INCERTIDUMBRE I, clickead en la imagen:

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Pandemia A.V.

Un error de seguridad en las instalaciones clandestinas del área 51 permite a uno de los científicos robar una cepa vírica mortal. Rápidamente se extiende una pandemia mundial. Los gobiernos lanzan cortinas de humo utilizando los medios de comunicación para engañar a la población mientras la propagación del virus parece imparable.

Una novela corta de 114 páginas, novela de fantasía, zombies y suspense, de vocabulario sencillo, historia intrigante, llena de matices de conspiraciones y cruenta realidad, donde la propia pandemia en si queda en un plano secundario.

Esta es mi segunda obra.

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Un saludo y espero que la disfrutéis.

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